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Martes 10 de Marzo de 2009

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Los 13 años son los nuevos 18

A los 13 no tienen espinillas. Se sienten grandes y maduros para su edad. ¿Cómo se gestó este "adelanto" generacional?
Tienen los dientes listos, impecables. Hace tiempo que sus papás los llevaron al ortodoncista. Las espinillas también están a raya. La mayoría las ha controlado, gracias a las continuas visitas al dermatólogo. Nadie les dice: "Párese derecha". Ellas no se imaginan caminando encorbadas, ocultando sus cuerpos. Al contrario, quieren que todos las admiren. Por eso se visten a la moda, tienen las últimas zapatillas, los mejores jeans y las poleras que "hay" que usar sí o sí.

Quieren ser flacas, tener pechugas y trasero. Se alisan el pelo y se lo dejan largo. Muchas se maquillan, incluso para ir al colegio. Algunas se aumentan la edad, porque se ven y se sienten mayores. "Me dicen que soy madura para mi edad", dice Javiera, del colegio Francisco de Asís.

Saben perfectamente lo que quieren. Confían en sí mismas. Pueden estar conectadas a cuatro artículos tecnológicos al mismo tiempo (televisión, juegos de video, computador y el Ipod), discutir acerca de lo que pasa en el mundo, dar opiniones fundadas a sus padres, contradecirlos con argumentos, llegar a acuerdos para lograr lo que quieren, como ir a un determinado número de fiestas durante el mes.

Están todo el día conectadas a Facebook. Hannah Montana pasó a la historia. "Comentamos las teleseries", dice Victoria, del San Benito. Van a fiestas hasta la una de la madrugada; algunas pololean, aunque es normal que "agarren" antes de formalizar. Lo que significa, como dice Sofía, del colegio Manquehue, que muchas veces no se espera recibir el primer beso en el contexto de una relación establecida.

¿Jóvenes de 18 años? ¿De 16? No, estamos hablando de niñas de 13 años, una edad clave en el desarrollo de los y las jóvenes de hoy. Porque no se sienten niños y sí se sienten grandes, mucho más cercanos a los de primero medio para arriba que a los de séptimo para abajo, 'unas guaguas'.

¿Cómo se gestó este "adelanto" generacional?, ¿por qué en octavo básico ya existe una fiesta de graduación, donde la imagen es lo más importante, y donde las niñitas de 13 parecen y a veces se comportan como mujeres de 18? ¿Cómo es que un niño de 13 años se convierte en padre, como ocurrió en Inglaterra hace pocos días?

La periodista norteamericana Beth Harpaz (48), editora de la agencia de noticias The Associated Press, describe este fenómeno global en su último libro "Los 13 son los nuevos 18... y otras cosas que mis hijos me enseñaron mientras estaba sufriendo un colapso nervioso siendo su madre". Con dos hijos hombres, de 11 y 16 años, Beth Harpaz dice, desde Estados Unidos, que escribió este volumen después de que su hijo mayor cumpliera los 13: "No estaba lista para esta transición. De un día para otro sufrió un estirón y cambió su actitud con todo lo que lo rodeaba. Se sentía muy cool y pensaba que los adultos éramos todos estúpidos. Se tornó completamente independiente, sólo quería salir con sus amigos y pasaba todo el día en el computador".

Beth Harpaz comenta que el comportamiento de su hijo y de sus amigos y amigas la hicieron comparar lo que veía con lo que ella vivió siendo joven. Y se dio cuenta de que los comportamientos entre los jóvenes son básicamente los mismos, pero comienzan a verse y manifestarse muchos años antes. "Cuando yo tenía 13 años, las niñas de mi edad se veían como tales. Yo jugué con muñecas hasta los 12. E incluso usaba trenzas. Recuerdo que nos avergonzábamos de nuestro cuerpo en proceso de cambio; nos tapábamos. Al contrario, las chicas de 13 de hoy quieren que todos se den cuenta de lo fantásticas que son. Les gusta exhibir su ropa a la moda, sus gustos, su "onda" y actúan como si fueran adolescentes de 18. No sienten vergüenza. Además, son mucho más sofisticados en su relación con el mundo. Cuando yo era niña comíamos comida muy sencilla en casa: pollo, papas, arroz, carne. Nadie comía sushi o curry o cebiche".

Según Eduardo Nicholls, sicólogo del Instituto de Terapia Familiar y especialista en niños y jóvenes, el hecho de que los niños y niñas de 13 años estén preocupadas de su salud, de su cuerpo, de ir al dermatólogo o atentas a su nutrición tiene que ver con "necesidades" que los mismos padres han creado en ellos, como adelantándose a problemas que sus hijos eventualmente podrían tener (léase espinillas o sobrepeso). "El contexto general de los padres de hoy hace que estas necesidades creadas, por así decirlo, surjan con mayor fuerza que antes. Por ejemplo, con el Auge se instauró atención dental gratis para los niños de seis años. Antes, cada uno veía lo que hacía con los dientes de sus hijos, cuándo se los arreglaba. Hoy socialmente eres negligente si no has llevado a tu hijo al dentista a los seis años. Por otro lado, ellos tienen todo esto incorporado y les preguntan a sus papás cuándo les toca ir. Son temas que los niños toman de las conversaciones que escuchan en la mesa, de la prensa, de lo que ven en la televisión, que comparten con sus amigos con quienes están permanentemente conectados. Son ítems que antes no aparecían".

La sicóloga Verónica Aguayo, directora de la empresa de investigación estratégica Lado Humano, quien se ha dedicado a estudiar el comportamiento de estos niños, afirma que "a los 13 quieren despedirse de su niñez y empezar a ser jóvenes, porque esta etapa es sinónimo de ciertas dosis de autonomía. A esta edad empieza también la construcción de su identidad, lo que en generaciones anteriores ocurría a una edad mayor. Empiezan a preguntarse qué les gusta, desde lo más externo, que es su imagen. Tratan de decir "yo soy distinto", pero este ser distinto es en grupo. Por eso aparecen las peloláis, las tribus urbanas".

Añade que a los 13 los niños se reconocen mirando a los más grandes, por lo que viven este "mundo nuevo" con ganas de romper límites, de experimentar.

El problema - señala Beth Harpaz- es que como se sienten grandes piensan que lo saben todo. "Son impulsivos y corren riesgos, pero no piensan en las consecuencias de sus actos. Como se sienten más libres y tienen más libertades, algunas veces pueden ser muy desagradables y actúan como si nada importara. En definitiva, emocionalmente siguen siendo niños".

Las tareas de los padres

En el fondo de este comportamiento adelantado entre los niños de 13 años, juega un papel clave la ultra analizada tecnología e interactividad, un enorme desafío para un niño de esta edad, según Eduardo Nicholls. Porque aunque estén permanentemente conectados y aprendiendo del mundo "es un aprendizaje sin mucha conciencia. La capacidad de juicio crítico, que tiene que ver con la conciencia moral y la capacidad de reflexión, no ha aumentado en conjunto con el número de computadores. Incluso se podría pensar que hoy hay más inmadurez". ¿La razón? El sicólogo afirma que en este tiempo los temas valóricos se manejan mucho más laxamente dentro de las mismas familias, y que no hay referentes claros y contundentes para los jóvenes como antes, porque la sociedad actual no se maneja entre el blanco y el negro, sino que en la gama de los grises, en que todo puede ser. "Hay un lado positivo, en que hay más apertura, más posibilidades. El lado más complicado es la confusión que puede traer esta flexibilidad si un joven de 13 años no tiene referentes claros externos e internos".

¿A qué se refiere con referentes externos? A que en el mundo adulto haya personas suficientemente atractivas y fuertes que le den referentes éticos y valóricos, que les indiquen qué es lo bueno, lo malo, lo correcto y lo incorrecto. "El problema es que en el propio mundo adulto están confundidos. A la consulta llegan papás de niños de 13 años y preguntan si está bien o mal si toman alcohol, por ejemplo. Si un joven se encuentra con este mundo adulto en que no tiene referentes externos, no tiene a quien recurrir"; dice Eduardo Nicholls. Y añade: "En este sentido, muchas veces para un adolescente es mejor que un papá le diga no, se equivoque y luego le pida perdón, a un papá que le diga no sé, que lo deje en la nada, arreglándoselas solo".

Porque desde este referente externo - el adulto- es que un joven forma sus propios criterios y normas, sus principios éticos y morales. Verónica Aguayo señala: "Gracias a la tecnología son más autónomos, manejan mucha información, tienen una claridad tremenda de cómo funciona el mundo, hacen un análisis crítico mucho más complejo que el que hacían generaciones anteriores a esa edad. Por todo esto, a los 13 un niño se siente adolescente y sus padres también lo ven así. Aquí aparece la confusión de cómo tratarlos: requieren límites, protección, guía, seguridad. Pero también necesitan, solicitan y demandan autonomía, libertad, capacidad de discernir, confianza a sus padres. Es una etapa complicada, porque éstos no saben cómo moverse en este nuevo territorio en que tienen que poner límites y, al mismo tiempo, dar ciertas dosis de libertad".

Para Eduardo Nicholls, a raíz de esta nueva libertad, los 13 es una edad en que los niños se sienten extremadamente desafiados a tener que encontrar respuestas, porque están enfrentados a un montón de cosas a las que tienen que responder. "Y cuando el referente adulto no es claro desde el punto de vista ético, moral, afectivo y normativo, ellos responderán igual haciendo lo que pueden. Se sienten demandados a responder frente a su grupo de pares, al marketing, a todo lo que rodea su vida diaria. Tienen que ser capaces de hacer algo, con las herramientas que tengan, las ganas, el impulso. Un chico de 13 años que está sufriendo cambios físicos, hormonales y neurofisiológicos (de desarrollo de su cerebro), va a responder desde sus ritmos biológicos, impulsivamente, sin un marco social externo que lo contenga, lo que es normal para un niño de 13 años".

Por eso, según Eduardo Nicholls, no hay duda de que a los 13 siguen necesitando que sus padres los guíen.

"A mí me gusta mucho la figura del tutor", dice. "Los jóvenes necesitan de figuras parentales tutoriales, que les den espacios de libertad, pero que al mismo tiempo les vayan indicando el camino. Hasta que llega un punto en que la plantita está creciendo fuerte y puede seguir creciendo sola. Cuando a la planta se le saca el tutor antes de tiempo sigue creciendo, pero lo hace para cualquier lado, chueca".

Los especialistas coinciden en que ésta no es responsabilidad de los jóvenes, sino de la sociedad. Por eso también Beth Harpaz aconseja: "Traten de ayudar a sus hijos, para que se aferren a su niñez, que no la abandonen siendo tan chicos. Vivan de la manera en que quieren que vivan sus hijos. Si los padres son buenos modelos, si tienen un estilo de vida saludable, se van a sorprender, porque lo más probable es que sus hijos sean de la misma manera".






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La autora de
La autora de "Los 13 son los nuevos 18" aconseja a los padres: "Vivan de la manera en que quieren que vivan sus hijos. Si los padres son buenos modelos, si tienen un estilo de vida saludable, se van a sorprender, porque lo más probable es que sus hijos sean de la misma manera".


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